Nadie te da un manual cuando decides unirte al negocio familiar. Aprendes sobre la marcha, cometes errores y — si tienes suerte — los conviertes en lecciones. Aquí van las mías.
1. Querer correr antes de gatear
Lo primero que hice fue ponerme a construir la página web del negocio. Sonaba lógico, ¿no? Soy de marketing, eso es lo mío. El problema: no sabía nada del negocio. No sabía qué productos eran importantes, cuáles eran los más rentables, cuáles ni valía la pena mencionar. El resultado: me costó el doble de tiempo y trabajo porque tuve que rehacerlo todo.
Lección: antes de hacer cualquier cosa, entiende el negocio. Pregunta, observa, escucha.
2. Ignorar lo que tu papá considera importante
Tienes ideas brillantes. Innovadoras. Disruptivas. Pero si tu papá no las entiende o no las ve relevantes, van a chocar. Y ese choque desgasta la relación y el proyecto.
Lección: equilibra tus ideas con sus prioridades. Gana su confianza primero con lo que él valora, luego introduce lo nuevo.
3. No saber para qué estás ahí
Si no tienes claro cuál es tu papel en la empresa, cada día va a sentirse perdido. ¿Eres la de marketing? ¿La de operaciones? ¿La que digitaliza? Define tu rol y tenlo presente siempre — es tu motivador cuando las cosas se ponen difíciles.
Lección: define tu aportación única al negocio y afírrate a ella.